A los perros les encanta olfatear, pero ¿qué ocurre realmente en su cuerpo cuando siguen un rastro de olor?
A los perros les encanta olfatear, pero ¿qué ocurre realmente en sus cuerpos cuando siguen rastros? Un nuevo estudio, Heart Rate Variability and Behavior in Dogs During and After Scent Work, pretende responder exactamente a esa pregunta. Los autores del estudio, publicado en marzo de este año, son Jade Fountain, Todd J. McWhorter, Marie-Claire Seeley, Aidan D. Bindoff, Kimberley Handley, Robert Hewings, y Susan J. Hazel.
Los perros olfatearon tres olores objetivo específicos
Un equipo de investigadores liderado por Jade Fountain en la Universidad de Adelaida monitoreó a 21 perros durante un experimento controlado que incluía una tarea de detección de olores (llamada “trabajo de olfato”) y un paseo sencillo como actividad de control. El estudio incluyó razas como Corgi, Pastor Australiano, Dálmata, Koolie, Labrador, Terrier Wheaten, Whippet, mestizo de Cattle, Sheltie, Cocker Spaniel, Pastor Alemán, Basset Fauve de Bretagne, Staffy y Border Collie.
Durante la tarea de búsqueda, los perros olfatearon tres olores objetivo específicos: aceites esenciales de abedul, anís y clavo, que son estándar en el trabajo de olfato. Estos olores se aplicaron a almohadillas de algodón y se colocaron en recipientes metálicos con pequeños orificios, lo que permitía a los perros detectar los vapores sin contacto directo con el aceite. Además de los olores objetivo, la sala también contenía recipientes con almohadillas de algodón limpias sin ningún olor, para asegurar que los perros realmente respondían al objetivo y no al recipiente en sí. Los investigadores utilizaron estos olores específicos porque son distintivos para los perros, lo que permite medir con precisión sus respuestas fisiológicas durante la resolución activa de problemas.
Durante la tarea de búsqueda, los perros tenían que localizar estos olores ocultos entre diversos objetos como cajas de cartón, sillas metálicas, maletas y macetas de plástico volcadas, lo que contribuyó aún más a su alta activación fisiológica.

b) Configuración experimental con cajas de cartón, sillas con estructura metálica, bolsos o maletas de carcasa rígida y blanda, y macetas de plástico volcadas.
Los perros llevaban dispositivos de ECG que registraban la frecuencia cardíaca (FC) y la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC), que son indicadores de la activación fisiológica y de la regulación del sistema nervioso autónomo. El experimento fue cuidadosamente estructurado, con períodos de descanso que alternaban con tareas de búsqueda y caminatas.
Los resultados mostraron una diferencia clara en un parámetro clave. La frecuencia cardíaca fue más alta durante la tarea de búsqueda de olores. En otras palabras, los perros estaban fisiológicamente más activos cuando utilizaban su sentido del olfato para resolver la tarea. Sin embargo, otra medida, la variabilidad de la frecuencia cardíaca, no mostró una diferencia significativa entre la búsqueda y la caminata. Esto es importante porque la VFC a menudo proporciona información adicional sobre el equilibrio entre los sistemas nerviosos simpático y parasimpático.
También se analizó el comportamiento de los perros. Un hallazgo constante fue una posición de la cola más elevada durante la búsqueda en comparación con la caminata. Al mismo tiempo, los investigadores no observaron un aumento en comportamientos típicamente asociados con el estrés, como el lamido frecuente de labios o la vocalización. Sin embargo, estos indicadores tienen limitaciones: no pueden revelar cómo el animal “se siente” subjetivamente. Tras finalizar la actividad, la frecuencia cardíaca volvió al nivel basal a un ritmo similar independientemente de si los perros habían estado buscando o caminando.
¿Qué significa todo esto?
Los investigadores concluyen que el trabajo de olfato induce activación fisiológica sin evidencia clara de un aumento del estrés. También señalan que se necesita más investigación para explorar cambios más sutiles en el estado afectivo y desarrollar una comprensión más completa de las implicaciones para el bienestar asociadas con actividades basadas en el olfato.
Por ahora, la conclusión científica sigue siendo cautelosa: incluso algo tan común como el olfateo de un perro implica respuestas fisiológicas y conductuales más complejas de lo que puede parecer a primera vista.
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