Desinformación y emociones en las elecciones de 2024 en EE. UU. y la UE: cómo las emociones moldean lo que la gente cree
El año 2024 estuvo marcado por importantes acontecimientos políticos, especialmente por elecciones clave en Estados Unidos y en toda la Unión Europea. En un período políticamente tan sensible, el espacio de la comunicación pública, especialmente en las redes sociales, se llena de información, pero también de desinformación. En ese contexto, resulta especialmente importante comprender no solo qué leen las personas, sino también por qué ciertos mensajes tienen un impacto tan fuerte en el público. Un estudio de Alba Córdoba-Cabús, Andreu Casero-Ripollés, Laura Alonso-Muñoz y Alejandra Tirado-García, titulado “Desinformación y emociones en las elecciones al Parlamento Europeo de 2024 y en las elecciones presidenciales de EE. UU.”, ofrece una visión sobre el papel de las emociones en la difusión de la desinformación.
“En 2025, la desinformación fue identificada como uno de los principales riesgos globales a corto plazo… A pesar del creciente interés académico en la desinformación, los estudios centrados en contextos electorales y su dimensión emocional siguen siendo relativamente escasos. Aún más raros son aquellos que adoptan una perspectiva comparativa entre distintos contextos geopolíticos”. Córdoba-Cabús et al.
La desinformación a menudo se difunde más rápido y con mayor eficacia que la información veraz. A primera vista, puede parecer que la razón es la falta de conocimiento o un bajo nivel de alfabetización mediática entre los usuarios. Sin embargo, este estudio demuestra que el problema es más complejo. Parte de la idea de que no solo importa el contenido de la información, sino también las emociones que esta genera.
Hablamos con uno de los autores del estudio, el profesor Andreu Casero-Ripollés, catedrático de Periodismo en la Universitat Jaume I de Castelló (España).
Desafío de la investigación y metodología
El estudio comienza identificando una importante laguna en la investigación existente. Como señalan los autores, aunque el interés académico por la desinformación está creciendo, los estudios que se centran en contextos electorales y en su dimensión emocional siguen siendo relativamente escasos. Este estudio pretende cubrir ese vacío.
Desde el punto de vista metodológico, el estudio se basa en un análisis de contenido de 622 casos verificados de información falsa. La parte estadounidense de la muestra incluye 374 casos de desinformación sobre las elecciones presidenciales, recopilados de la base de datos PolitiFact entre el 15 de enero de 2024 y el 20 de enero de 2025. La parte europea incluye 248 casos relacionados con las elecciones al Parlamento Europeo, recopilados de 52 organizaciones de verificación de datos en 20 Estados miembros de la UE a través de la base de datos Elections24Check, entre el 1 de mayo y el 30 de junio de 2024.
El análisis incluyó 17 variables, como el canal de distribución, el formato, el tema, los actores y la presencia y el tipo de emociones. El análisis estadístico se realizó utilizando el software SPSS.
Emociones y desinformación
“El análisis de la desinformación difundida durante las elecciones presidenciales de EE. UU. de 2024 y las elecciones al Parlamento Europeo revela una notable presencia de emociones en los mensajes falsos. Del total de casos identificados (n = 622), el 65,5 % mostraba el uso de apelaciones emocionales destinadas a influir en la percepción pública“, escribieron los autores en el estudio.
Uno de los hallazgos más llamativos es la diferencia entre ambos contextos. En Estados Unidos, se encontraron elementos emocionales en el 80,7 % de los mensajes falsos, mientras que en Europa esta proporción fue mucho menor, con un 41,1 %. Esta diferencia puede explicarse por las características del sistema político estadounidense, que presenta una mayor polarización. En cambio, el espacio político europeo es más diverso y fragmentado, con menor énfasis en figuras políticas individuales.

El pico de desinformación con carga emocional en la UE se registró durante las elecciones al Parlamento Europeo, entre el 6 y el 9 de junio de 2024, cuando alcanzó el 8,87 % de los casos analizados.
Dominio de las emociones negativas
El estudio muestra que predominan las emociones negativas, que representan el 73,4 % de todos los mensajes emocionales, mientras que las emociones positivas constituyen el 25,5 %. Las emociones más frecuentes son la ira (14,6 %), el miedo (9,8 %), la alegría (9,6 %), la culpa (9,2 %) y la vergüenza (9,2 %). Estas emociones negativas se utilizan estratégicamente para dividir al público, activar sesgos y debilitar la confianza en las instituciones. No obstante, el estudio también señala el uso de emociones positivas, como la alegría, especialmente en el contexto estadounidense.

En Europa, la alegría estuvo mucho menos presente (2 %) en comparación con Estados Unidos (14,7 %), lo que muestra diferentes estrategias emocionales según el entorno político.
Canales y temas
Las redes sociales son el principal canal para la difusión de desinformación emocional, representando el 80,4 % de todos los casos. En la Unión Europea, esta proporción es aún mayor (93,1 %), mientras que en Estados Unidos es ligeramente inferior (76,2 %). El estudio no encontró una relación fuerte entre el formato del contenido (texto, vídeo, audio, imagen) y la presencia de emociones, lo que sugiere que el impacto emocional depende más del contenido y del contexto que del formato.

En cuanto a los temas, la desinformación relacionada con las campañas es la más emocional, con un 81,3 % del contenido que contiene elementos emocionales. Son especialmente frecuentes las afirmaciones falsas sobre la integridad electoral. Entre los temas de políticas públicas, la inmigración destaca como un ámbito clave de desinformación emocional, que a menudo utiliza el miedo y los sesgos existentes.
Actores y objetivos
El estudio también analiza quién difunde la desinformación y quiénes son los objetivos. Las fuentes más comunes son usuarios anónimos en redes sociales (44,3 %), seguidos por influencers y figuras públicas (17,6 %) y actores políticos (12,1 %).

En Estados Unidos, los líderes políticos desempeñan un papel más importante tanto como fuentes como objetivos de la desinformación. En Europa, los candidatos están menos presentes como fuentes (2 %) en comparación con Estados Unidos (15,6 %). Los objetivos son con mayor frecuencia las instituciones (24,5 %) y los gobiernos (14,7 %) que los políticos individuales.
Se necesita un mayor compromiso de los políticos, las redes sociales y las empresas de IA para combatir la desinformación
¿Cómo puede este estudio mejorar la comunicación política y cuál es el principal cambio que debería producirse en la forma en que se comunican los políticos?
Andreu Casero-Ripollés: Nuestra investigación ha demostrado que todos los partidos y candidatos utilizan la desinformación como parte de su conjunto de herramientas de comunicación política. Además, utilizan un tipo de desinformación fuertemente cargado de emoción para aumentar su impacto en el público. Esto puede conducir a la manipulación de percepciones y opiniones, lo que potencialmente altera las decisiones de voto y el comportamiento electoral. Nuestro estudio destaca la necesidad de una mayor responsabilidad por parte de los políticos a la hora de comunicarse. Es crucial recordar que las emociones han demostrado ser una fuerza de movilización muy poderosa en el ámbito político. Los políticos no deberían utilizar contenido falso ni manipulación emocional para persuadir a los ciudadanos. De lo contrario, corremos el riesgo de dañar la salud y la calidad de la democracia.


Hoy en día, a las personas a menudo les resulta difícil distinguir qué es verdadero y qué no lo es. Si observamos el estado actual de los medios de comunicación, las redes sociales y los acontecimientos políticos globales, esa relación, esa confianza, se ha deteriorado. ¿Se ha perdido la objetividad o se está perdiendo? ¿Y una mayor objetividad y transparencia conducirían a un pensamiento más crítico y a menos reacciones emocionales entre los ciudadanos?
Andreu Casero-Ripollés: Actualmente, prevalece una actitud posverdad entre muchos ciudadanos, en la que las opiniones y creencias articuladas ideológicamente tienen más peso que los hechos objetivos. En un contexto de fuerte polarización política, cada vez más ciudadanos solo dan credibilidad a quienes comparten sus posiciones ideológicas. En este marco, la objetividad deja de ser un concepto destacado. Por lo tanto, apelar a la objetividad no resolverá ningún problema.Por otro lado, la transparencia puede ser útil. Un ejemplo es el contenido de desinformación creado con inteligencia artificial. Si se aplican mecanismos de transparencia, como marcas de agua o advertencias de que el contenido ha sido generado por IA, su potencial para confundir a los ciudadanos puede reducirse considerablemente.
Para que esto funcione, es fundamental el compromiso de los políticos, las plataformas digitales y las empresas de inteligencia artificial. Si estos actores no declaran, desde una perspectiva ética, que cierto contenido ha sido generado mediante IA, es difícil hacer cumplir la transparencia. Hasta ahora, este compromiso ha sido débil, como lo demuestra el hecho de que en las elecciones europeas de 2024 la mayoría de los partidos del Parlamento Europeo firmaron un código de conducta contra la desinformación, que luego fue ignorado por todos durante la campaña. Necesitamos un mayor compromiso por parte de los políticos, las redes sociales y las empresas de IA para combatir la desinformación.
Por qué esto es importante
Este estudio muestra que la desinformación no es eficaz solo porque sea convincente, sino principalmente porque es emocionalmente poderosa. Las emociones actúan como un mecanismo que ayuda a que la desinformación se propague más rápido, especialmente durante momentos políticos clave. En un mundo en el que la información viaja rápidamente, la capacidad de pensar críticamente y comprender nuestras propias reacciones emocionales es tan importante como verificar los hechos. El estudio subraya la necesidad de un enfoque más amplio de la desinformación para desarrollar formas eficaces de proteger los sistemas democráticos en un entorno informativo cada vez más complejo.
Imagen: Las elecciones de 2024 ponen a prueba la salud de la democracia, OHCHR
Declaración de financiación: Los autores reconocen la financiación de los siguientes proyectos de investigación: CIPROM/2023/41, financiado por la Conselleria de Innovación, Universidades, Ciencia y Sociedad Digital de la Generalitat Valenciana dentro del programa Prometeo; y ref. 101126821-JMO-2023-MODULE (DISEDER-EU), financiado por la Agencia Ejecutiva de Educación y Cultura de la Unión Europea (EACEA), perteneciente a la UE. Las opiniones expresadas son únicamente las de los autores y no reflejan necesariamente las de la Generalitat Valenciana ni de la UE o la EACEA. Ni la UE ni la autoridad otorgante pueden ser considerados responsables de las mismas.
Declaración de conflicto de intereses: Los autores declaran que no tienen conflictos de intereses financieros o personales conocidos que pudieran haber influido en el trabajo presentado en este artículo.

