Mientras que los perros suelen mantenerse bajo control, a los gatos a menudo se les permite deambular libremente, pero ¿cuál es su impacto en la biodiversidad?
Un perro sin correa que corre por un parque probablemente provocará una reacción de los transeúntes o incluso la atención de las autoridades locales. Al mismo tiempo, un gato que se desplaza por patios traseros y por los límites de zonas boscosas cercanas suele pasar desapercibido y sin consecuencias aparentes. Sin embargo, un análisis publicado en la revista European Journal of Wildlife Research sugiere que este contraste no coincide con lo que realmente exigen la ciencia y la legislación.
El equipo de investigación responsable del estudio “Are cats more equal than dogs?”, formado por C. Javier Durá-Alemañ, Francisco Almarcha, José A. Sánchez-Zapata, Esther Sebastian-González, Elvira Martínez Camacho y Arie Trouwborst , analizó cómo las obligaciones internacionales y europeas existentes en materia de protección de la naturaleza se aplican a los animales domésticos que deambulan libremente.
“Revisamos la literatura científica sobre los propios impactos y analizamos la percepción social de gatos y perros desde una perspectiva cultural. Esto incluye las diferentes emociones de miedo y valoración asociadas a las diferencias en los riesgos que representan para las personas, el tamaño de los animales, la dificultad de manejo y su comportamiento. Posteriormente analizamos las normas internacionales existentes sobre la gestión de gatos y perros, especialmente los tratados internacionales y la legislación de la Unión Europea… Los gatos y los perros son mamíferos carnívoros, aunque los perros proceden de un depredador superior, mientras que los gatos podrían considerarse mesocarnívoros. Esta sutil diferencia en su posición dentro de la cadena alimentaria puede ayudar a explicar por qué los humanos tienden a tratar a ambas especies de manera diferente, especialmente debido a los distintos niveles de peligro que representan para las personas”. Durá-Alemañ et al., 2026
Un impacto desigual: el efecto de los gatos suele producirse fuera de la vista
Según los datos disponibles, los gatos domésticos que viven o se desplazan libremente representan una amenaza para un mayor número de vertebrados, especialmente aves y pequeños mamíferos, y su impacto es particularmente significativo en ecosistemas sensibles como las islas. Los perros también pueden tener efectos negativos importantes, por ejemplo, al perseguir o alterar el comportamiento de la fauna silvestre, pero, en promedio, su impacto se considera menor.
Es importante aclarar que el nivel real de riesgo depende de las condiciones locales, de la presencia de especies protegidas y de la forma en que se mantienen los animales.
“En la isla de Gran Canaria (España), se estima que el número de gatos con propietario es de 50.000, y alrededor del 17 % de ellos llevan regularmente presas a casa. Estos datos indican que los gatos sin un control adecuado pueden representar un problema de conservación para los vertebrados nativos de Gran Canaria… La clave ética reside en comprender que los gatos son víctimas de la irresponsabilidad humana, por lo que la gestión debe priorizar soluciones humanitarias que integren la conservación ambiental sin recurrir al exterminio masivo”. Durá-Alemañ et al., 2026
Los acuerdos internacionales y la legislación europea obligan a los Estados a proteger determinadas especies y hábitats, incluyendo prohibiciones sobre matar, capturar o perturbar especies protegidas. Dentro del marco jurídico europeo, la interpretación del término “deliberado” tiene una importancia especial.
En este contexto, permitir que los animales domésticos circulen libremente por zonas donde pueden afectar a especies protegidas puede tener relevancia jurídica. A pesar de ello, la aplicación de las normas suele diferir entre perros y gatos. En muchos países europeos, los perros están sujetos a restricciones claras, como la obligación de llevar correa en zonas urbanas o normas adicionales en áreas protegidas. En el caso de los gatos, estas medidas son menos frecuentes o se aplican de manera mucho más limitada.
“En muchas partes de Europa, la mayoría de las personas prefieren ver menos perros sin control o ninguno, y un factor clave a considerar es que los perros ya no contribuyen a la eliminación de residuos y son percibidos cada vez más como una molestia o un peligro sin beneficios compensatorios. Los argumentos utilizados para justificar que los gatos puedan desplazarse libremente en países donde los perros tienen prohibido hacerlo suelen centrarse en el bienestar de los gatos… Según la Directiva Hábitats y la Directiva Aves de la UE, la legislación nacional de todos los Estados miembros prohíbe la muerte ‘deliberada’ de mamíferos y reptiles incluidos en las listas de protección, así como de todas las aves silvestres, incluyendo varias especies vulnerables a la depredación por gatos y/o perros. Tal como explican Trouwborst y Somsen, la amplia interpretación del término ‘deliberado’ por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea —que incluye no solo acciones intencionadas, sino también aquellas en las que la muerte o perturbación de especies protegidas es un efecto secundario no deseado pero aceptado— hace que permitir que las mascotas circulen libremente pueda entrar dentro del ámbito de estas prohibiciones. Es decir, permitir que un gato o perro doméstico deambule por el hábitat de especies protegidas vulnerables a la depredación, como lirones, lagartos o aves, parece implicar aceptar la posibilidad de que dichos animales sean matados y, por tanto, podría considerarse ‘matanza deliberada’ de esas especies, infringiendo las prohibiciones establecidas”. Durá-Alemañ et al., 2026
Los autores señalan que esta diferencia no proviene de la legislación en sí, que generalmente no distingue entre especies, sino de las normas sociales y las prácticas habituales. Una posible explicación es la visibilidad: el comportamiento de los perros es más fácil de observar, mientras que el impacto de los gatos suele producirse fuera de la vista. Esto puede llevar a una subestimación de su efecto total.
Qué se desprende de esto
El estudio apunta hacia una conclusión clara. Si las obligaciones legales existentes se aplicaran de manera coherente, la gestión de los animales domésticos que deambulan libremente debería reflejar su impacto real sobre la biodiversidad.
Al mismo tiempo, se destaca que este enfoque no excluye el bienestar animal: controlar los desplazamientos también puede reducir riesgos para las propias mascotas, como accidentes de tráfico, enfermedades o conflictos con otros animales.
“Nuestro estudio arroja luz sobre el marco jurídico internacional y establece los criterios orientativos que deberían seguir los países firmantes de acuerdos internacionales destinados a proteger la biodiversidad. En el caso específico de la Unión Europea, la falta de cumplimiento de las normas ambientales descritas dentro del marco comunitario resulta difícil de conciliar con la Estrategia Europea de Biodiversidad 2030 y el Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza, cuyo objetivo es fortalecer el marco jurídico de la UE para la recuperación de la naturaleza y aumentar el cumplimiento de la legislación ambiental europea”.
Todo esto no significa que falten regulaciones, sino que existe una brecha entre las normas existentes y su aplicación práctica. La cuestión de los gatos y perros que deambulan libremente, por tanto, va más allá de una preocupación local.
Abre un debate más amplio sobre cómo los hábitos sociales, la percepción pública y la aplicación de la ley influyen en nuestra capacidad para proteger la biodiversidad en un paisaje cada vez más urbanizado. “Creemos que futuras investigaciones deberían analizar con mayor profundidad la aceptación social de una gestión responsable de estos animales para reducir sus impactos sobre la biodiversidad y cumplir con las normativas internacionales de conservación. También es necesario un enfoque interdisciplinario que involucre a expertos en derecho ambiental, veterinaria, ecología, educación ambiental, salud pública, planificación urbana, ética y ciencias sociales, con el fin de desarrollar estrategias de gestión dentro del marco legal y que sean sostenibles a largo plazo”, concluyeron.

