Zumbando por Italia: lo que la miel revela sobre la salud de las abejas
Un nuevo estudio italiano muestra que la miel contiene rastros genéticos de patógenos de las abejas, lo que ofrece una forma no invasiva de monitorizar la salud de las colmenas. A pesar de la presencia de estas señales, la miel sigue siendo segura para el consumo humano y actúa como un “registro molecular” de la vida zumbante dentro de la colmena.
La miel se está revelando cada vez más como un complejo registro molecular de la vida dentro de la colmena. Más allá de los azúcares, contiene trazas de ADN y ARN ambiental (eDNA/eRNA) procedentes de organismos con los que las abejas entran en contacto, incluidos patógenos y parásitos.
A finales de 2025, los científicos Rossella Tiritelli, Gian Luigi Marcazzan, Cecilia Costa, Antonio Nanetti y Giovanni Cilia ampliaron esta perspectiva con un estudio titulado Detección molecular de patógenos de las abejas en miel de distintos orígenes botánicos. En dicho estudio se analizaron 679 muestras de miel de 20 regiones italianas para evaluar el potencial de la miel como herramienta no invasiva para monitorizar la salud de las abejas. Hablamos con el autor principal del estudio, Giovanni Cilia, PhD, investigador del Centro de Investigación CREA para la Agricultura y el Medio Ambiente (CREA-AA) en Bolonia, Italia.

Como se ha explicado, el estudio comenzó mezclando 50 g de miel con 150 mL de agua ultrapura, seguido de agitación e incubación a 40 °C durante 30 minutos. Posteriormente se extrajeron el ADN y el ARN, y se realizó una PCR cuantitativa en tiempo real (qPCR) para medir el número de copias de los patógenos. Los resultados se analizaron estadísticamente.
El 97,5 % de las muestras dio positivo para al menos un microorganismo
Los resultados muestran una prevalencia de patógenos excepcionalmente alta: el 97,5 % de las muestras dio positivo para al menos un microorganismo. Los más comunes fueron el virus de las alas deformadas (DWV) con un 81,7 %, Nosema ceranae con un 56,1 % y el virus de la parálisis crónica de las abejas (CBPV) con un 56,0 %. A estos les siguieron el virus de las celdas reales negras (13,11 %), Lotmaria passim (5,15 %) y el virus agudo de la parálisis de las abejas (4,27 %), mientras que el virus de Cachemira de las abejas y Crithidia mellificae no se detectaron en ninguna muestra. Los datos cuantitativos también destacan el dominio de ciertos patógenos: el DWV mostró el mayor número medio de copias (1,06 × 10¹¹), mientras que el CBPV también alcanzó niveles elevados (7,87 × 10⁸). Esto sugiere una circulación viral generalizada dentro de las poblaciones de abejas.
El análisis geográfico reveló que los patrones de infección varían según la región y el tipo de miel. Los niveles de DWV fueron más bajos en el sur de Italia en comparación con las regiones insulares y las zonas del noroeste, lo que indica claras diferencias regionales en la carga viral. Más del 77 % de las muestras contenía múltiples patógenos simultáneamente. En algunos casos, se detectaron hasta cinco patógenos diferentes en una sola muestra.
Sin embargo, es importante subrayar que la presencia de ADN o ARN en la miel no implica necesariamente una enfermedad activa en las colonias individuales, sino que refleja la exposición y circulación de patógenos en el entorno. La distinción entre ADN y ARN también es crucial: el ADN puede permanecer estable durante más tiempo, mientras que el ARN se degrada más rápidamente y es más probable que refleje actividad patógena reciente. De este modo, la miel funciona como un “cuaderno epidemiológico” que combina señales de infecciones pasadas y actuales. El estudio confirma, por tanto, que la miel no es solo un producto alimentario, sino también una posible herramienta para monitorizar la salud de los polinizadores, con aplicaciones en sistemas de vigilancia a gran escala y no invasivos.
Aunque el estudio se realizó en Italia, el método y las conclusiones son altamente relevantes para toda la región mediterránea
¿Se pueden aplicar los resultados de este estudio a otros países mediterráneos?
Giovanni Cilia: Sí. Aunque el estudio se realizó en Italia, el método y las conclusiones son altamente relevantes para toda la región mediterránea. Estos países comparten climas similares, patrones de floración y prácticas apícolas, así como los mismos patógenos principales. La investigación demuestra que la miel es una matriz eficaz y no invasiva para detectar virus y patógenos, algo que puede reproducirse fácilmente en cualquier lugar donde se produzca miel. Este enfoque podría ayudar a los países mediterráneos a crear sistemas de vigilancia coordinados para monitorizar mejor la salud de las abejas a gran escala.
¿Cómo puede este estudio contribuir a una mejor protección de las abejas?
Giovanni Cilia: El estudio proporciona una nueva herramienta práctica: usar la miel para detectar patógenos sin necesidad de abrir las colmenas ni muestrear abejas. Esto hace que la monitorización sea más rápida, sencilla y menos estresante para las colonias. Puede servir como un sistema de alerta temprana, permitiendo a los apicultores identificar riesgos antes de que aparezcan los síntomas, planificar tratamientos específicos y reducir las pérdidas de colonias. Dado que muchos patógenos se transmiten entre diferentes polinizadores, mejorar la monitorización de las abejas melíferas también contribuye a la protección de las abejas silvestres y de la biodiversidad en general.
Sobre la cuestión de qué le sorprendió más y qué nuevas preguntas plantea el estudio, Giovanni Cilia señaló que el hallazgo más sorprendente fue lo generalizados que están los patógenos: casi todas las muestras de miel contenían al menos uno, y la mayoría varios. “La persistencia del ARN viral, especialmente del DWV y el CBPV, incluso en miel envasada también fue inesperada. Estos resultados abren nuevas preguntas: ¿hasta qué punto los niveles de patógenos en la miel reflejan la enfermedad real dentro de las colonias? ¿Cuánto tiempo permanecen detectables estas trazas genéticas? ¿Podría la propia miel desempeñar un papel en la transmisión de infecciones entre colonias? ¿Y qué significa esto para los polinizadores silvestres que comparten las mismas flores? Se necesitan más estudios para aclarar mejor estos aspectos”, concluyó Cilia.
Aunque las abejas zumban en un mundo lleno de innumerables amenazas ambientales, es importante subrayar que esto no significa que la miel sea peligrosa para los humanos.
Imagen: Giovanni Cilia. PhD

