Científicos de la Universidad Rey Juan Carlos investigaron la automedicación entre personas que experimentan dolor en la Unión Europea
42,7 % de los encuestados que informaron haber sufrido dolor declararon haber utilizado automedicación en las dos semanas previas. Las mujeres reportaron una mayor prevalencia (47,0 %) que los hombres (36,9 %).
El estudio “Self-medication and pain in the European Union: Gender differences and associated factors” fue realizado por Spencer Yeamans, Ángel Gil-De-Miguel, Valentín Hernández-Barrera y Pilar Carrasco-Garrido, y fue publicado a principios de mayo de 2026. Este estudio tuvo como objetivo examinar la frecuencia de la automedicación entre las personas que experimentan dolor en los países de la Unión Europea, así como los factores asociados a este comportamiento, con especial atención a las diferencias entre hombres y mujeres.
La investigación se basó en datos de la Encuesta Europea de Salud por Entrevista (EHIS), recogidos entre 2018 y 2020. EHIS es una encuesta amplia y estandarizada realizada en los Estados miembros de la UE, que incluye a personas de 15 años o más. Se excluyó a las personas que vivían en instituciones, como hospitales o residencias de ancianos.
La muestra final incluyó a 149.349 encuestados de 26 países de la UE. Los datos fueron anonimizados y recogidos mediante una metodología armonizada para garantizar la comparabilidad entre países, aunque hubo algunas diferencias en los métodos de recopilación de datos (como entrevistas cara a cara, entrevistas telefónicas o cuestionarios).
“Veintiséis de los veintisiete Estados miembros de la Unión Europea están representados en este estudio, ya que los datos de Francia no estaban disponibles a través de Eurostat. Los datos de Malta para la variable de nacionalidad también se excluyeron debido a prácticas de anonimización. Los resultados son comparables entre países gracias al uso de un marco regulador común… Calculamos la prevalencia de la automedicación en individuos que experimentaban distintos niveles de dolor en las últimas cuatro semanas por país y para cada variable independiente, seleccionada en función de su relevancia en la literatura, a partir de las respuestas a la variable dependiente”, explicaron los científicos en el estudio.
La principal variable de resultado fue la automedicación, definida a partir de las respuestas de los encuestados sobre si habían utilizado medicamentos, remedios herbales o vitaminas sin receta médica. Los encuestados se agruparon en tres categorías: dolor leve o muy leve, dolor moderado y dolor severo o muy severo. El grupo con dolor leve se utilizó como categoría de referencia en los análisis. Además, el estudio incluyó una serie de otras variables que podrían influir en la automedicación. Estas incluían factores demográficos (edad, sexo, nacionalidad), factores socioeconómicos (nivel educativo y situación laboral), comportamientos de estilo de vida (tabaquismo, consumo de alcohol y actividad física), estado de salud (enfermedades crónicas, percepción de la propia salud y depresión), utilización de servicios sanitarios (visitas a médicos de atención primaria y especialistas) y necesidades de atención sanitaria no cubiertas por motivos económicos.
Una parte del análisis se centró en la disponibilidad de medicamentos sin receta. Los países se agruparon según si dichos medicamentos podían adquirirse únicamente en farmacias, en farmacias sin consulta con farmacéutico, o también fuera de las farmacias.
El 42,7 % de los encuestados que declararon dolor afirmó haber recurrido a la automedicación
El análisis se llevó a cabo en varias etapas. En general, el 42,7 % de los encuestados que informaron haber sufrido dolor declaró haber utilizado automedicación en las dos semanas previas. Las mujeres reportaron una mayor prevalencia (47,0 %) que los hombres (36,9 %). La prevalencia fue más alta entre quienes presentaban dolor moderado, seguida por el dolor severo, y más baja entre quienes tenían dolor leve. También se observaron grandes diferencias entre países, con valores que oscilaron entre el 19,0 % y el 85,1 %.
“España también presenta una baja prevalencia de automedicación, sin que ningún subgrupo por sexo o nivel de dolor supere el 25 %… La prevalencia de automedicación entre pacientes con dolor varía entre países, con menores frecuencias en países como España e Italia y valores más altos en países como Finlandia y Chipre… Los hombres y las mujeres con mayor nivel educativo tenían, respectivamente, más de 2,5 y 4 veces más probabilidades de automedicarse en comparación con aquellos sin educación formal…” Yeamans et al.
Los resultados del análisis multivariante mostraron que la intensidad del dolor estaba significativamente asociada con la automedicación. Entre las mujeres, la probabilidad de automedicarse aumentaba con una mayor intensidad del dolor, mientras que entre los hombres el efecto más fuerte se observó en el dolor moderado. Las personas con mayor nivel educativo tenían una probabilidad significativamente mayor de automedicarse. Una mayor actividad física también se asoció con una mayor probabilidad de automedicación en ambos sexos. La depresión se asoció significativamente con la automedicación en los hombres, pero no en las mujeres. Una mayor disponibilidad de medicamentos sin receta fuera de las farmacias se relacionó con un aumento de la automedicación. De manera similar, las personas que reportaron necesidades de atención sanitaria no cubiertas por motivos económicos tenían mayor probabilidad de automedicarse.
El amplio conjunto de datos estandarizados refuerza la fiabilidad de los resultados
En la discusión, los autores señalan que sus hallazgos son coherentes con investigaciones previas que muestran tasas más altas de automedicación entre personas con dolor y entre mujeres. También destacan importantes diferencias entre países, que atribuyen a factores culturales, económicos y del sistema sanitario. Se enfatiza la accesibilidad a los medicamentos como un factor clave de la automedicación, ya que un acceso más fácil tiende a aumentar su uso. La intensidad del dolor también se confirma como un factor importante, aunque con diferencias de género que pueden reflejar variaciones en la percepción del dolor y en las estrategias de afrontamiento. Asimismo, un mayor nivel educativo puede estar asociado con una mayor tendencia a autogestionar los síntomas sin consultar a profesionales sanitarios.
En cuanto a las limitaciones, los autores señalan que se trata de un estudio transversal, lo que significa que no se puede establecer causalidad. También existe una falta de información detallada sobre tipos específicos de medicamentos y características del dolor. Entre los posibles problemas se incluyen el sesgo de autoinforme, las diferencias en los métodos de recogida de datos entre países y los posibles efectos de la pandemia de COVID-19 en algunos contextos. A pesar de estas limitaciones, el gran conjunto de datos estandarizados refuerza la fiabilidad de los resultados.
El estudio muestra que la automedicación entre las personas que experimentan dolor en la UE es muy común, más frecuente entre las mujeres y con una considerable variación entre países. Está asociada con la intensidad del dolor, el nivel educativo, el acceso a medicamentos y las barreras económicas para acceder a la atención sanitaria. “Es necesario identificar un contexto adecuado para la automedicación en personas con dolor, incorporando formación sobre el uso correcto de los medicamentos en la educación sanitaria general”, concluyeron los autores.
Imagen: Lessons from a chronic pain management program, Harvard.edu

